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“Sospechas, preparativos, circulación y utilización de la información: actitudes de España frente a la amenaza pirata al Pacífico Sur” se tituló la exposición de la Dra. Ximena Urbina.

08.04.2020

“Esta conferencia trata de lo que España en la Época Moderna llamaba piratas: barcos extranjeros que llegaban a sus costas. Dejamos de lado, por supuesto, las ocasiones en que este país autorizó a extranjeros para operaciones en las costas que entendía como propias. Es el caso, por ejemplo, de Francia para el comercio y defensa en el Mar del Sur (durante la guerra de Sucesión, a comienzos del siglo XVIII), o el permiso de recalada dado a Inglaterra a fines del mismo siglo para las acciones de caza de ballena”, señaló la Dra. Ximena Urbina, académica del Instituto de Historia de la PUCV.

La profesora fue invitada como la conferencista de clausura en el seminario que dio inicio formal a un Grupo de Estudios de la Piratería, actividad celebrada los días 28 y 29 de febrero de 2020. El evento tuvo lugar en la Universidad del Norte de Florida (UNF), en Jacksonville, contando con la presencia de los investigadores del Grupo de Estudios Internacional “Piratería de la Edad Moderna Temprana”. Este colectivo investiga acerca de las intersecciones entre la piratería marítima y la historia y la cultura de Latinoamérica en los siglos XV al XIX.

En su conferencia profundizó sobre los planes de ataque -concretados o no- y los avisos y noticias que generaron “estos piratas”, concentrándose en los de procedencia inglesa, y dejando de lado, por ahora, los de los Países Bajos y Francia.

La profesora indicó que en su estudio se centró en específico en las costas del reino de Chile, que eran las primeras con las que se encontraba “el enemigo” al entrar al Mar del Sur.

“Permítanme recordar que la comunicación con la Metrópoli no se hacía por el Pacífico austral, sino por la vía de Panamá. Las incursiones de holandeses, franceses e ingleses en los siglos XVII y XVIII por esa ruta fueron las únicas navegaciones por esos fríos y tormentosos mares, por lo tanto. A pesar de ello, España no desplegó ninguna estrategia de defensa de esos pasos australes, excepto la de encargar la vigilancia a la isla de Chiloé”, comentó  Urbina.

Los casos que la historiadora destacó fueron los de la expedición de John Narborough al estrecho de Magallanes, y que se presentó ante Valdivia (1671); las sospechas de haber un asentamiento inglés en la isla Madre de Dios, Patagonia Occidental Insular, tanto en 1683 como en la década de los ’70 del siglo XVIII; y las acciones tendentes a “descubrir” una supuesta base inglesa en una pequeña isla inmediata a la península de Taitao, en 1750.

Importancia de Chiloé

El punto que españoles y extranjeros creían más vulnerable era Valdivia, pues había sido ocupado durante unos meses del año 1643 por una expedición holandesa. Pero también, la corona española consideraba a la isla de Chiloé como un lugar que podría ser dominado por extranjeros (fue atacada también por holandeses en 1600 y 1643).

“Al acceder al Mar del Sur, esa llamada ´provincia´, Chiloé, era el primer lugar poblado de españoles y contaba con indígenas encomendados y un copioso bosque de excelentes maderas. El tercer punto vulnerable era el estrecho de Magallanes y cabo de Hornos, cuya área o entorno geográfico se conocía poco desde Madrid, y se consideraba supuestamente atractivo para Inglaterra por el hipotético oro en manos de los gigantes patagones, y por su lejanía de Chile, que le podría garantizar permanencia sin ser visto”, aseveró Urbina.

Se entendía que el interés inglés era establecer una o más bases o establecimientos de apoyo para operaciones hacia las costas del Perú. Pero esta vigilancia no sólo debía hacerse en el estrecho de Magallanes, sino también al interior de los archipiélagos australes y de sus golfos, lo que únicamente era posible si se ejecutaba desde Chiloé con embarcaciones «de la tierra», guías, pilotos y «lenguas» chonos, no sujetos ni encomendados sino libres de navegantes de aquellos parajes.

“Y así fue como Chiloé vigiló posibles asentamientos ingleses; en efecto, los indios contactados generaron nueva información no sobre los asentamientos ingleses que se buscaban, sino sobre ´otros´, lo que evidenció a la autoridad la urgencia en atender a la provincia insular de Chiloé”, mencionó  la académica.

 

Natalia Cabrera Vásquez

Instituto de Historia

 

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