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“La Independencia de Chile 200 años después” se tituló la conferencia presentada por la Dra. Lucrecia Enríquez, académica del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

03.04.2018

“¿Por qué Chile no recuerda el 12 de febrero de 1918? Existe un manto de olvido en la memoria y en la historiografía nacional. Los contemporáneos o quienes vivieron e hicieron la declaración así lo entendieron: como el inicio de una nueva etapa y como un momento fundacional”, señaló la doctora Lucrecia Enríquez, académica del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en la conferencia que inauguró el año académico del Instituto de Historia de la PUCV.

“La Independencia de Chile 200 años después” se tituló su presentación que es fruto de los resultados obtenidos en su proyecto Fondecyt que se encuentra en ejecución.

En la exposición la profesora reflexionó sobre cómo los chilenos perciben el aniversario de la declaración de la independencia frente al hecho mismo ocurrido hace 200 años.

“Después de la victoria de Chacabuco el 12 de febrero de 1817 declarar la independencia era un imperativo que imponían las circunstancias. El problema era cómo y cuándo. La manifestación común de la voluntad general era un elemento que no podía faltar. Desde la declaración de la Independencia de los Estados Unidos, en 1776, el modelo era que un congreso de diputados elegidos hiciera en nombre de toda la sociedad la declaración. Sin embargo, las autoridades directoriales no se mostraron proclives a replicar en el Chile de 1817 esa experiencia”, precisó la doctora.

La académica agregó que medios de comunicación de la época se preguntaban sobre la necesidad de que un congreso formal pronunciara el acta solemne de la Independencia de Chile. Se argumentaba que formar un congreso tardaba un año y que Chile ya gozaba de un autogobierno y un Estado organizado.

El tema continuó discutiéndose en los meses siguientes y se afirmaba que Chile, de hecho y de derecho, ya se hallaba independiente, por lo que restaba solo definir el modo de hacer la declaración y el anuncio en las naciones.

“Mientras el director supremo Bernardo O´Higgins dirigía la guerra contra los realistas en el sur de Chile gobernaba en Santiago la Junta Suprema delegada, que a fines de 1817 tomó la iniciativa de comenzar los preparativos, dado que no podía demorarse más un acto que debió ser el precursor de nuestras transacciones públicas. Ya estaba a esa altura del año decidida la forma de reemplazar el congreso declaratorio”, destacó.

Con el fin de incorporar a la población en esta decisión la junta delegada dispuso lo siguiente: “el gobierno no puede proceder a este acto, el más privativo de la comunidad y el más serio que puede presentarse en la carrera de la revolución, sin explorar el voto libre y uniforme de todos los ciudadanos”. Con esto se efectuó una consulta por medio de libros que se denominaron de registros de firmas para que la población pudiese manifestarse por la aprobación o rechazo de la declaración de la Independencia del Estado de Chile a la brevedad.

El proceso abarcó todo el territorio y nadie firmó en contra. “La cercanía temporal con el primer aniversario de la batalla de Chacabuco el 12 de febrero definió la fecha. Se conocen muchos pormenores del proceso de decisiones, idas y vueltas. Cartas y oficios que iban y venían desde Santiago a Talca donde estaba O´Higgins y el ejército, pero no sabemos quiénes planificaron la declaración como un acto de proclamación y jura de la población de la Independencia, planeado sobre el molde de las juras reales. Hay algo más que no sabemos por qué fue y qué se decidió también durante esos días”, comentó la doctora.

En los años siguientes la legitimidad de la declaración y la forma de llevarla a cabo, que no hubiese sido en un congreso de diputados elegidos, fueron las razones por las cuales fue considerada como un acto no representativo. Incluso en el congreso de 1823 un diputado propuso declarar la Independencia de Chile el 18 de septiembre de ese año, diciendo que ésta se había declarado por primera vez en 1810. “De a poco aparece y se formula una disputa memorística sobre la fecha de la declaración, que encierra no solamente el cuestionamiento a la legitimidad del acto, sino que ponía la duda sobre quién o quiénes la habían declarado”, mencionó la profesora.

Al respecto, la historiadora informó que el acta de proclamación de la Independencia, que se conoce simplemente como el Acta de la Independencia, que se escribió y reescribió varias veces desde mediados del mes de enero de 1818, para ser parte constitutiva de la celebración de la declaración del 12 de febrero, fue fichada y datada con anterioridad a su misma existencia.

“O´Higgins pidió a los redactores del acta que la ficharan en Concepción el día 1 de enero de 1818. No dijo por qué, vale decir que la fecha del acta no coincide con el día en que se efectuó la jura y declaración pública y común de la Independencia por la sociedad toda ante mundo. Muchos historiadores han dado distintas explicaciones a este enigma”, concluyó Enríquez.

En la oportunidad, el doctor Ricardo Iglesias, director del Instituto de Historia de la PUCV, brindó un discurso de bienvenida dirigido a los alumnos de la unidad académica. “A pesar de lo que escuchen sobre estudiar historia y ser educadores, recuerden siempre que son más necesarios que nunca. Sus competencias y habilidades serán los mejores instrumentos para conseguir una sociedad más instruida, pero también más justa y equitativa. Piensen que lo que resulte de estos tiempos dependerá de ustedes y también de nosotros”, puntualizó.

 

 

 

 

 

Natalia Cabrera Vásquez

Instituto de Historia

Instituto de Historia